Pinceladas de Arriaga


Pintura Manuel Arrieta

Sin saber a ciencia cierta a donde me dirijo, encuentro en mi camino un hogar repleto de recuerdos, de emociones, lleno de esperanza y fe…mucha fe. Y digo fe pues está repleto de imágenes y esculturas religiosas y al mismo tiempo contrasta con la libertad que emana de cada una de las pinturas que rodean cada muro en la planta baja de este hogar, Don Manuel sin proponérselo destapa su caja de vida ante unos ojos ávidos de contar lo que cada sensación invade a su mirada. Sin pensarlo mucho, nos invita a subir y conocer lo que su espíritu ha arrojado por mucho tiempo, más que pinturas o adornos resultan una especie de guardianes, pero guardianes del tiempo, de la memoria y del colectivo sueño de nunca esfumarse, resistir sonriendo, llorando, sufriendo…muriendo y al final regresando hecho luz escurriendo colores en cada trazo de mensajes sujetivos y consejos afines, brutalmente ciertos y tan abstractos de accionar que se encargan de robar perplejidad en cada sonrisa de asombro.

Don Manuel nos muestra como si fuera un niño que se ha topado con las mejores sensaciones del juego y en ese juego de vida ha retratado esos momentos en un lienzo que hoy, busca guarida en la mente de mi compañero y la mía. Lentamente va mostrándonos lo que sintió y quiso decir en cada movimiento de pincel, en el dolor que trajo consigo algunos de ellos y al mismo tiempo en el orgullo que recorrió su cuerpo cuando plasmó su firma al terminar de contar su historia; tan personal y pública, tan ajena y tan cercana, tan simple y compleja al mismo tiempo.

Como una vuelta al tiempo recorro con la mirada una cronología de historias apasionadas, de brotes de vida encarnadas en pintura. Soledad. Alegría, Amor y tristeza, añoranza, fragilidad, cercanía, ternura y agradecimiento…cariño.

Antes de que pueda decir algo tengo en mis manos varias litografías como obsequio y como paquete de luz para alguien más. Es un regalo, pero con toda la certidumbre de que en la causalidad del encuentro cosecharán más sueños y nuevas pinceladas de sabores instantáneos, relatados por formas y piezas distintas pero siempre asequibles, eternas y apasionadas.

Mi primer gran instante de fuga y al que decido sumergirme se me presenta…”Atardecer”…pero antes de que caigan los últimos párpados.

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